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Lo primero, que realiza el tasador es solicitar al propietario los planos de la vivienda, aunque sólo se utilizan como referencia, para facilitar la labor. La vivienda, habrá que medirla de nuevo minuciosamente. Luego se analiza la calidad y las terminaciones, de todos los elementos, así como las instalaciones; si tiene portero automático, teléfono, gas, agua caliente, calefacción, aire acondicionado. Si posee patio, también se mide y se anotan sus peculiaridades.
En la tasación se tienen también, en cuenta los metros cuadrados y ubicación del trastero y garaje, si la propiedad los posee. Tampoco, se pasa por alto la antigüedad de la vivienda. No se considerará el mobiliario. Si el piso se entregara amueblado, sería tarea del vendedor y comprador pactar alguna variación del precio.
En una tasación también, entran en juego otros elementos, como la ubicación del inmueble dentro del edificio y de la urbanización, o si es unifamiliar y de qué tipo. El tasador, toma nota de cuántos portales tiene el edificio, cuántos ascensores, si se trata de una urbanización cerrada, etc.
Ahora, queda considerar el entorno de la casa; distancia al núcleo urbano más cercano, proximidad a centros comerciales, colegios, zonas deportivas y, muy importantes, transporte público, accesos por carretera y conservación de las infraestructuras. Hasta la propia localidad influye, en el precio de la vivienda, pues según la zona variará el nivel de renta de la población, su densidad y su evolución.
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